THE WIRE: LA SERIE CINEMATOGRÁFICA

The Wire nos presenta una nueva manera de ver  cine: por capítulos de una duración de 50-60 minutos. Porque, aunque entre dentro de la categoría de serie televisiva, las técnicas empleadas son propias del mundo de la gran pantalla: es como si viéramos un documental de ficción. La precisión de los diálogos -como diríamos en la literatura clásica: el “decoro poético”, que consiste en que cada personaje tenga su propio lenguaje según los estudios que haya cursado y la clase social a la que pertenezca-, la ambientación -los espacios son realistas porque los exteriores están rodados en las calles de la misma ciudad, y no se utilizan estudios-, y la verosimilitud de las situaciones narradas son unas de las características principales de la serie. Otras series que empezaron a seguir esta tendencia anteriormente eran también de la misma empresa, la HBO ,con series como The Sopranos, u Oz.

El punto de vista del espectador es omnisciente externo, por eso tiene similitudes con el género del documental, porque no hay uno o dos personajes protagonistas; todos van y vienen y aportan su granito de arena, todos tienen su importancia. En la primera temporada, por ejemplo, podemos pensar que quizás el protagonista es el policía Jimmy McNulty, o el narcotraficante Di Angelo Barksdale, pero a medida que pasan las temporadas, nos vamos dando cuenta de que no hay ninguno que destaque por encima del resto. A parte de esta frivolidad narrativa, con la que se nos hace difícil crear un vínculo emocional con ningún personaje, también es importante remarcar que ningún personaje es bueno o malo, no hay polos opuestos: nada es totalmente blanco o negro. Con esta característica, se reitera el realismo de la serie.

Finalmente, podríamos constatar que no hay un protagonista humano, sino que el protagonista es, en realidad, la ciudad de Baltimore, donde se ambientan todos los sucesos. Es cierto que hay un conjunto de personajes que son más principales que otros, sin embargo, los personajes secundarios tienen también mucha relevancia en la trama, no son solo parte del decorado. A parte, están todos insertados en un ciclo vital que se repite, y son víctimas del determinismo.

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Para remarcar el aspecto de la verosimilitud, vemos como se abarcan varias temáticas:

  1. En primer lugar, uno de los temas más importantes: la problemática de las drogas, tanto desde el punto de vista de los traficantes como de los consumidores.
  2. La pobreza, que se ve patente, en su mayoría, en los habitantes de etnia negra (que constituyen, irónicamente, alrededor del 65% de la población).
  3. La policía, que intenta combatir la problemática de las drogas y la delincuencia en general que se acontece en la ciudad (no solo se nos presenta su lado bueno, sino también la incompetencia de muchos miembros del cuerpo policial, y la corrupción de los de arriba).
  4. La importación de productos ilegales de manera clandestina mediante los puertos marítimos y otras vías.
  5. La corrupción política, que prácticamente podemos ver plasmada en las elecciones para la alcaldía del municipio.
  6. La educación en los barrios más conflictivos. Su calidad poco propicia está también directamente relacionada con la pobreza económica y con la problemática de las drogas (los padres adictos no son capaces de ofrecer una educación óptima a los hijos, y así consecutivamente).
  7. La implicación de los medios de comunicación en la delincuencia, y la manipulación y tergiversación del periodismo en muchos casos, por el sensacionalismo.

Es preciso destacar la integridad de las interpretaciones de los actores, ya que muchos de ellos formaban parte, en la vida real, de estos barrios donde permanece la presencia de las drogas y la pobreza, y vivieron en primera persona estos entornos conflictivos. Por lo tanto, eran capaces de encarnar sus personajes con una naturalidad increíble, sin requerir unas dotes interpretativas espectaculares ni experiencia en el mundo escénico.

Ligado con los escenarios de exterior reales y con la cuidada recreación de los interiores ,sin la necesidad de muchos recursos ni de una superproducción, es relevante otra peculiaridad de la serie que otorga realismo: la falta de música, de sonidos extradiegéticos (sonidos fuera de campo). Que no se añada música en los momentos cruciales -por ejemplo, para acentuar el dramatismo, o para dar más impacto en escenas morbosas-, está también conectado con la desconsiderada narrativa. La clara intención del creador de la serie -David Simon, periodista muy implicado en la realidad en las temáticas que trata en sus proyectos-es que haya una distancia entre el espectador y los personajes, y pretende mostrar los hechos de la manera más cruenta posible: no hay marcha atrás, no hay compasión; simplemente se plantea un punto de vista pasivo y estoico de las circunstancias.

 

 Rebeca Pérez Caride, 2º Bachillerato escénico

 

 

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